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Cualitativo
Convivencia con excombatientes

Cualitativo - Marzo 24 2021

Estigmas, creencias, miedos y experiencias

La implementación del Acuerdo de Paz implica nuevas dinámicas de vinculación social, una de ellas la reincorporación de excombatientes a la vida civil, basada en la convivencia y la reconciliación en los territorios afectados por el conflicto. De acuerdo con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), en 2020 hay un total de 12.767 personas en proceso de reincorporación, de las cuales 2.877 residen en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). Las 9.217 personas restantes decidieron instalarse en comunidades donde conviven con el resto de la ciudadanía.

Desde el 2004 los estudios del Observatorio de la Democracia han preguntado por las disposiciones de los colombianos a la convivencia con excombatientes en el entorno residencial, laboral y educativo. De acuerdo con el Barómetro de las Américas 2018 el 71% de los colombianos no tiene problema con tener de vecino a un excombatiente, el 45% aprueba compartir el espacio laboral, el 42% está de acuerdo con que sus hijos estudien con hijos de excombatientes y solo el 24% que su hijo sea amigo de un hijo de excombatientes.

En municipios afectados por el conflicto la disposición a convivir con excombatientes es mayor, según el estudio Colombia Rural Posconflicto 2017 en el entorno residencial el 83% acepta a los excombatientes como vecinos, en el laboral el 50% y el 39% acepta que sus hijos sean amigos de hijos de excombatientes.

¿Por qué motivos disminuye la disposición de los colombianos a convivir con antiguos miembros de grupos armados ilegales a medida que se pregunta y por interacciones más personales?, ¿cuáles son los motivos por los cuales los ciudadanos sí estarían dispuestos a convivir con excombatientes?, son las preguntas que impulsaron a preguntar en los grupos focales por la disposición favorable o desfavorable de los colombianos a convivir con excombatientes[1].

El análisis de la información de los grupos focales de 2017 y 2018 arrojó que los participantes justifican sus actitudes favorables o desfavorables hacia la convivencia con excombatientes a partir de estigmas, creencias, emociones y experiencias. Luego se agruparon estas categorías en los espacios de convivencia por los cuales se preguntan: el vecindario, el trabajo y la vida social[2]. Algunas narrativas de los participantes muestran una conexión entre los estigmas, las creencias y las emociones.

En términos generales se concluyó que la disposición de los colombianos a convivir con excombatientes disminuye en espacios íntimos porque los ciudadanos sienten miedo por un riesgo creado por los estigmas y creencias con los que identifican a los desmovilizados, y por la ausencia de experiencias en espacios íntimos que permiten cuestionar la identidad social de los excombatientes construida desde los estigmas.


*Los motivos que justifican actitudes desfavorables hacia la convivencia se presentan en color rojo y los motivos hacia actitudes favorables en verde. En las filas, la gráfica distingue los motivos que justifican actitudes hacia la convivencia a nivel general y en los distintos escenarios por los que indagamos. Las flechas conectan estigmas con creencias y creencias con emociones

Se identificó que los estigmas de que los guerrilleros son malas personas, violentos y peligrosos son transversales, no se limitan a un solo escenario, y afectan la imagen que los ciudadanos crean de los excombatientes en los escenarios residenciales, laborales y educativos.

Los participantes mostraron que aun cuando los desmovilizados se ha reincorporado a la vida civil los etiquetan como guerrilleros, debido a esa etiqueta hay exclusión en algunas comunidades y estigmatización señalándolos como personas malas. A diferencia de los estigmas, las creencias que se identificaron incluyen percepciones negativas y positivas. Por una parte, los ciudadanos creen que la reincorporación va a fallar si los excombatientes no se acogen al proceso y en esta creencia a su vez recaen dos más: las personas no pueden o no están dispuestas a cambiar y en algún momento volverán a su antigua vida dejando atrás el proceso de reincorporación.

En las creencias favorables los participantes dijeron que los excombatientes tienen capacidades para adaptarse a la vida civil, y esa capacidad se refuerza con la motivación que tienen para asumir la reincorporación. Otra creencia positiva es que ellos no fueron responsables de su vinculación a los grupos armados porque fueron víctimas de reclutamiento forzado. Una tercera creencia, es el derecho a las segundas oportunidades, los ciudadanos creen que a los excombatientes se les debe garantizar el derecho a las oportunidades laborales y a la participación en la vida en sociedad.

También se identificó que la creencia de dar segundas oportunidades interpone un sentido de responsabilidad de acoger a los excombatientes, y de la posibilidad de que ellos se reivindiquen con la sociedad por los años de conflicto. Dos emociones que manifestaron los participantes y se asocian con los desmovilizados y la violencia son el miedo y el resentimiento. Las actitudes generales hacia la convivencia los participantes las justificaron a partir de experiencias concretas relacionadas con los procesos de reincorporación.

Vecindario

Al preguntar por la convivencia en el entorno residencial apareció nuevamente el estigma de que son personas peligrosas y violentas. Los participantes manifestaron preocupación por la posibilidad de que los excombatientes que viven en su barrio puedan reaccionar con violencia en cualquier momento. A causa de este estigma aparecen varias creencias: la presencia de desmovilizados aumenta la inseguridad en el barrio y los excombatientes intimidan a sus vecinos. Estas creencias producen un sentimiento de miedo que tiene que ver con la posibilidad de que puedan atentar con su integridad. Sin embargo, hubo algunas referencias de convivencia positivas con excombatientes.

Trabajo


En el ambiente laboral los participantes de los grupos focales también mencionaron el estigma de que los desmovilizados son personas peligrosas y violentas, y que reincidirán dentro de los entornos laborales cometiendo delitos, generando percepciones desfavorables hacia ellos. Asociado al estigma de violencia tienen la creencia de que los desmovilizados no saben hacer más nada diferente a actividades que estén asociadas a la violencia o a la maldad, que no tienen las habilidades necesarias para otro trabajo. Otros participantes mencionaron que debido a la experiencia en el conflicto saben trabajar, que algunos cuentan con formación académica y títulos profesionales.

Los ciudadanos expresaron una actitud positiva hacia la incorporación laboral sustentada en la creencia de que cualquier persona tiene derecho a trabajar y a una segunda oportunidad, mencionaron casos de éxito de integración laboral de excombatientes, de participación en proyectos productivos del Acuerdo de Paz y de experiencias que quedaron del proceso de desmovilización de las AUC.

Los espacios más íntimos


Frente a la posibilidad de que los hijos o hijos de familiares convivieran o inicien una amistad con hijos de excombatientes el estigma de maldad y violencia deriva en creencias negativas, que los excombatientes son una mala influencia o que sus hijos estarían en peligro cuando conviven con hijos de excombatientes y sus familias.

Por otro lado, están las creencias positivas en las que mencionaron que los hijos no tienen la culpa del actuar de sus padres, y que los niños tienen derecho a educarse en un ambiente en el que puedan aprender y aportarle a la sociedad. Es posible que esta creencia provenga de reconocer a los desmovilizados y sus hijos como sujetos de derecho.

Los estigmas y su relación con las creencias y sentimientos negativos son determinantes en las percepciones negativas hacia los excombatientes y en las razones por las cuales la disposición a convivir con ellos disminuye cuando se trata de espacios más íntimos. Derivan en creencias a partir de las cuales los ciudadanos perciben a los excombatientes como una amenaza que puede poner en riesgo su propia integridad, la de los más cercanos e incluso la de la comunidad.

Esta percepción de amenaza produce respuestas emocionales como el miedo, que incrementa en la medida en la que se piensa en la posibilidad de convivir con ellos en espacios más íntimos. El miedo influye en la disminución de la disposición a la convivencia, entre más cerca es la relación mayor será la percepción de riesgo.

En cuanto a las razones para estar dispuestos a convivir con desmovilizados se bebe tener en cuenta: el reconocimiento a los excombatientes como sujetos de derecho, la atribución a la responsabilidad en el conflicto y a las experiencias positivas.

Acciones para promover la convivencia entre ciudadanos y excombatientes

De acuerdo con los resultados de este estudio sugerimos llevar a cabo las siguientes acciones, transmitiendo un mensaje en el que los ciudadanos puedan reconocer a los excombatientes como sujetos de derechos

  • Garantizar la participación de los excombatientes en proyectos productivos que además promuevan interacciones positivas con su entorno social
  • Promover actividades de disfrute común que promuevan las interacciones positivas entre los ciudadanos y los excombatientes
  • Visibilizar experiencias exitosas de reincorporación para cambiar las narrativas acerca de los excombatientes
  • Superar las barreras emocionales que promueven actitudes desfavorables hacia la convivencia con excombatientes


[1] En los grupos focales del año 2017 se les preguntó a los participantes sobre sus opiniones acerca de la reintegración de excombatientes a la sociedad, indagando sobre convivencia en escenarios como el vecindario, el trabajo e hijos de excombatientes, los cambios en la sociedad como consecuencia de esta reintegración y las actitudes hacia hombres y mujeres excombatientes. En el año 2018, se diseñó una dinámica en la que los participantes discutían sobre situaciones en las que estarían o no de acuerdo con la convivencia con excombatientes (p.e. que los excombatientes sean contratados en el lugar en el que trabaja o si permitirían que sus hijos asistieran a la fiesta de cumpleaños hijos de excombatientes).

[2] Se analizaron 87 referencias, 48 con una connotación desfavorable y 39 favorable. Además, se tuvieron en cuenta otras 7 referencias que capturan las opiniones de los ciudadanos sobre las acciones que se deben llevar a cabo para promover la reconciliación

Informe completo aquí  Convivencia con excombatientes .pdf 

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